Carmelo de Santiago de
Compostela
10 de Marzo de 2018
Jesús y María sean siempre en
nuestras almas nos concedan alegrarnos siempre en la voluntad de Dios, muy
queridas Madres y Hermanas:
El 19 de Diciembre pasado el Divino
Ladrón vino inesperadamente (aunque la Liturgia de Adviento ya nos recordaba
exultante que “el Señor está cerca”) a llevarse para vivir la Navidad Eterna a
nuestra muy querida Hna. M.ª Sofía de la
Stma. Trinidad (M.ª del Carmen Álvarez Carballo a los 91 años de edad y 70 de
vida en el Carmelo.
Ha sido una dolorosa y grande
pérdida para nosotras porque con ella se terminó una generación de Descalzas
con un sello muy especial que no sé cómo definir.
Concretamente de hna. M.ª Sofía de la
M. M.ª Carmen, tantos años priora, decía que tenía el espíritu de las Carmelitas
Primitivas y seguramente es la mejor y más bella definición de nuestra hermana.
Carmela nació, primer hijo del
matrimonio de sus padres Jesús Álvarez Taladriz y M.ª Sofía Carballo Álvarez, el
12 de Noviembre de 1926 en la casa de sus abuelos maternos en Lugo.
Sus padres se conocieron en
Valladolid, de donde era D. Jesús, que pertenecía a una familia dedicada a la
Abogacía y profundamente anticlerical, contrarios a todo lo piadoso. Eran
liberales y abundaban en chistes anticlericales, silenciando un respecto a la
fe nunca discutido.
Sin embargo vivían un ambiente sano
y rico en valores humanos y con respeto y aprecio hacia todas las personas,
especialmente hacia las más humildes.
Dña. Sofía tenía en Valladolid un
hermanastro casado con una hermana de D. Jesús que le invito a pasar unos días
con ellos y en su casa se conocieron.
Ella pertenecía a una familia
profundamente cristiana y muy piadosa. Su padre, D. Esteban también era
Abogado. Muy tradicional y monárquico, pero sin preocupaciones políticas.
Tocaba el piano y vibraba con la música.
D. Jesús empezó a venir a Lugo para
visitar a Sofía y ¡Lo que hace el amor! Ella empezó a catequizarle,
descubriéndole la belleza de la fe y enseñándole a amar a Dios.
Si se casaban ella quería formar un
hogar cristiano y él quería hacerse a ella.
La abuela Jesusa que les oía en el
jardín les decía: “Pero vosotros, ¿Os pasáis el día rezando?
Jesús regaló a Sofía algunos años
después un Catecismo que ella le había dado con la dedicatoria: “Guárdalo,
Sofía. En él y con tu ayuda yo he aprendido a rezar, que es igual que aprender
a amar y conocer a Dios”.
Se casaron en Lugo, en una sala de
la casa de Sofía preparada para ello. No hubo misa pero un sacerdote oficio el
matrimonio según la liturgia de entonces. Lo hicieron así porque D. Jesús no
quiso violentar a su hermano mayor, el tío Pepe que era su Padrino; éste
representaba a la Ley, como Abogado.
Los dos Novios habían ido muy
temprano a confesarse y a la santa Misa y comulgaron juntos. La vida familiar
la iniciaron en Cornudella, Cataluña, donde D. Jesús tenía la Notaria Deseaban
mucho poder trasladarse más cerca de la familia y Dña. Sofía, que esperaba el
primer niño, prometió a la Virgen del Carmen que pondría el nombre de Carmen si
era niña al bebe si su marido aprobaba unas oposiciones que hacia justo el día
del Carmen.
D. Jesús las aprobó y ganó la plaza
de Villalba (Lugo), cerca de la familia de Sofía y así, nacida la niña en casa
de los abuelos de Lugo se le impuso el nombre de Carmen al bautizarla en la
Parroquia de S. Pedro.
Instalados en Villalba, sus padres la llevaron a una
ermita de sus afueras para ofrecérsela a la Virgen. No pensaban entonces en que
fuese monja, sino sólo una buena cristiana.
También entronizaron en casa en el
lugar más digno, en la sala, el Corazón de Jesús.
Los padres hacían los Primeros
Viernes y al regresar su padre cogía en brazos a Carmela para que de los pies
de la imagen cogiese un bombón.
Poco antes de cumplir los dos años
nacía Chus, su primer hermanito, que aunque lo quería mucho la hizo ponerse
triste como la Princesa destronada…
Empezó a antojársele todo lo de su
hermano y querer ser en todo como él. En vano su madre le decía que ella ya era
mayor…
La crisis llegó a la cumbre un día
de Reyes. Los Magos le dejaron a ella una muñeca y a Chus una camioneta azul.
En cuanto vio los juguetes le dio a
Chus la muñeca y ella cogió la camioneta. Su madre no quiso consentirlo, pero,
como era un día de fiesta, una de sus tías medio y dijo que iba a poner un
telegrama a los Reyes y al cabo de un tiempo llegó otra camioneta pero de color
rojo. De nuevo le dio la roja a su hermano y cogió la azul. Su madre le dijo
que los Reyes nunca más le iban a traer ningún juguete porque no obedecía y era
caprichosa y si seguía así se pondría tan fea que nadie la querría y añadió “la
espada de dolor” para la pobre Carmela: “Ni yo tampoco, porque no eres niña
buena”. Ante esta amenaza la camioneta la fue soltando poco a poco. Ya era una
niña buena… Hna. M.ª Sofía decía que había sido la primera conversión de tantas
que hizo en la vida y “que aún no había acabado”. Pero las palabras de su madre
habían entrado fuertemente en su corazón y el “Ser buena” resonaba
constantemente sobre todo cuando su temperamento la arrastraba sin poderlo
dominar.
La vida de piedad la fue aprendiendo
de sus padres sin sentir. Su madre era muy viva, muy sensata e inteligente y
sobre todo positiva. Percibía lo negativo y sufría pero lo callaba con
sencillez y con sus advertencias iba formando y guiando a Carmela. Iba a
cumplir cinco años cuando nacía el tercer hermanito, Ángel, que fue recibido
con gran alegría y percibió con sorpresa que Chus, con su gran corazón no sintió
las “ruindades” que ella había sentido al nacer él. Sí que al asistir al
Bautizo en brazos de su padre no se quedó tranquila hasta estar segura de que
con ella habían hecho lo mismo y también era hija de Dios…
Un día descubrió que de rodillas en
el sofá, si saltaba un poquito los muelles la lanzaban para arriba y estaba
encantada, pero su padre se lo prohibió. Obedeció, pero al rato pensó que si
saltaba de pie el impulso era mayor y llegaría más alto. Empezó a probar y era
maravilloso, pero al tercer salto dio con la cabeza en una estantería y todo
cayó al suelo. Con el ruido apareció su padre, que le dio un par de azotes y se
marchó sin decir nada.
Carmela rompió a llorar a mares y
echada en una butaca se quejaba de la cabeza sintiéndose gravísima pero su
madre al curarle el chichón le dijo: “Hija yo creo que tu dolor está en otra
parte” aludiendo a los azotes, y era que por no haberlos recibido nunca le
habían dolido en el alma. Fue la única vez que D. Jesús dio a nadie un par de
azotes.
El año 1933 hubo concurso de plazas
y se trasladó a la Notaria de Sarria (Lugo). No encontraban casa para alquilar
suficiente para toda la familia y entonces decidieron guardar los muebles coger
un piso con dos dormitorios mientras encontraban casa grande y como los abuelos
en Lugo estaban ilusionados dejaron a Carmela con ellos en su casa. Le dieron
muchas recomendaciones: Ser muy buena (siempre el mismo consejo) y que no se
encaprichara; que fuese muy cariñosa y obediente con los abuelos. Ella lo
comprendía, pero ¡hacerlo! Se le pedía comportarse como una persona mayor y
además de resultarle muy difícil confesaba que no le apetecía ni pizca…
Ingreso en el Parvulario de las
Siervas de S. José de Lugo. Como ya sabía leer y algo de números la pusieron
con el grupo de las mayores.
En casa de los abuelos vivían
también la tía Araceli y la tía Maruja y rodeaban a Carmela de cariño y
atenciones hasta el exceso.
Tía Araceli la recogía al salir del
colegio y todos los días la llevaba a visitar el Santísimo a la Catedral. Luego
visitaban la Capilla de la Virgen y otra capilla muy carmelitana con la Virgen
del Carmen y nuestros Santos Padres, “para que Santa Teresa te de entendimiento”, decía la tía…
Capilla del Carmen en la Catedral de Lugo
Las Tías le habían dicho que nunca
debía sentarse en las butacas que usaban los abuelos, pero un día se le ocurrió
probar que tal se estaba en ellas. No había hecho más que sentarse cuando
apareció el abuelo y ella se escapó volando al otro extremo de la casa.
Un día se fijó en las manos de su
abuelita y dijo: “Oh, que lindas manos tienes abuela, todas llenas de
arruguitas” a lo que tía Araceli después le dijo que “a los abuelos y ancianos
no se les alaban las arrugas”.
Adquirió así unas maneras y un porte
de persona mayor, una cortesía muy especial, como de tiempos antiguos, que nos
hacía mucha gracia…
A principios del año 34 toda la
familia fue a Valladolid. Los tres nietos que eran entonces, aun no conocían a
la abuela Jacinta. El padre siguió hasta Madrid pues quería orientarse para
unas oposiciones que quería ganar. A Carmela la mandaron al colegio de las
Carmelitas de la Caridad para terminar de prepararse para la Primera Comunión.
Ya se sabía casi todo el catecismo de memoria. Su madre la preparo para la
primera confesión en la Basílica del Corazón de Jesús donde su padre, ya mayor,
se había confesado por primera vez.
Dña. Sofía pasó antes que la niña
por el confesonario para advertir al sacerdote que era la primera vez que se confesaba.
No le fue muy bien. No veía nada ni a nadie. Empezó a hablar y se quedó callada
un momento y el sacerdote dijo algo que ella no entendió. Le puso la penitencia
y la absolvió en latín. Carmela le dijo: “Aun me falta un pecado”, pero no
debió oírle y repitiendo la penitencia le dijo: “Ya te puedes ir”. Se levantó
muy disgustada pensando que no se había confesado bien.
Al volver a casa encontraron al tío
Joaquín que venía a buscar a la abuela y a todos para dar un paseo. Dña. Sofía
dijo que Carmela tenía que quedarse dando gracias y que no podía ir de paseo.
¿Adiós al bombón helado que el tío solía comprarles? Peo venia de hacer la
primera confesión, así que se resignó. Su madre al volver le trajo un buen
pastel para celebrar su confesión y lo mejor de todo es que le dijo que estaba
muy contenta porque había sido muy buena. Ese superlativo lo oía muy pocas
veces.
El traje blanco que se iba a poner
para la Primera Comunión le hacía mucha ilusión. Su madre la hablaba de la
blancura del alma que simbolizaba. Carmela no paraba con su traje blanco hasta
llegar a cansar. Un día le dijo a su padre: “Papa, el día de mi Primera Comunión
voy a llevar un vestido de color…” y su padre haciéndose el despistado le dijo,
¿Qué? ¡Ah, sí! Vas a llevar un vestido de color… ¡Panza de Burro! Todos se
rieron menos Carmela que se sintió herida en su ardiente ilusión.
Ya se instaló la familia entera en
Sarria. Carmela feliz de quedarse en casa con sus padres y sus hermanos y
empezó a ir a clase a una Academia con profesores que venían de Madrid, hasta
que al estallar la guerra Civil y cerrase la Academia volvió a Lugo a casa de
los abuelos para empezar el Bachillerato con las Siervas de S. José.
Aquel verano del año 36 nacía Ramón,
el cuarto hermano que también fue recibido con mucha alegría.
Varios tíos y otros familiares luchaban
en la contienda de España y los abuelos encendieron una vela ante la imagen de
Sta. Bárbara que renovaban mientras duro la Guerra.
El abuelo esteban mandaba al frente
paquetes de comida y la tía Araceli trabajo en el hospital de sangre de heridos
de la guerra con mucha abnegación.
Esta situación marcaba profundamente
la vida familiar aunque en Galicia no hubo lucha como en otras regiones.
D. Jesús, gran pensador y jurista
nato no comprendía la profesión militar. Le repelía el uso de la violencia
pensando que jamás los hombres se entenderían a tiros o a palos sino
dialogando.
Ya en el año 38 al volver una tarde
del colegio el abuelo le anuncio que tenía un hermanito más; Pepe, el último de
los 5 hijos.
La abuela de las lindas manos
falleció en Navidades de ese año y su madre quiso que fuese a despedirse de
ella y le diese un beso antes del entierro. Su padre la acompañó, pero al
llegar a la puerta de la habitación fue incapaz de entrar. Su padre, muy
comprensivo la cogió del brazo y dio vuelta atrás diciendo: “Hija, hemos hecho
lo que hemos podido.”
Hna. M.ª Sofía decía que ahí es
cuando empezó a querer mirar a la muerte de frente y que veía los frutos al ser
mayor y poder pensar en ella sin temor.
Su padre consiguió traslado a la
Notaria de Santiago de Compostela porque deseaba que los hijos pudiesen
estudias las carreras estando en casa.
En el colegio de la Enseñanza de la
Compañía de María iniciaba Carmela el 5º de Bachillerato. Era una muchacha
reflexiva y profunda, como su padre. Pasados los años se veía muy ingrata con
el Señor porque se había apropiado de estos dones con cierta suficiencia y
haciendo pasar las gracias que Él le concedía por el control de su razón. En
seguida conoció la Acción Católica y perteneció a ella.
Fue una gracia inmensa que la marcó
para siempre. Conoció a la Iglesia viva y aprendió a amarla. Su vida interior
se desarrolló inmersamente con la estupenda formación y Dirección que recibía.
No tenía aun edad para pertenecer al grupo de las jóvenes, pero cuando vieron
lo que valía la Presidenta Diocesana la introdujo en el grupo que formaban el
Consejo, todas jóvenes ejemplares.
El Consiliario era entonces el joven
sacerdote D. Pio Escudeiro, del todo entregado a la Acción Católica. Entonces
se le consideraba un poco avanzado pues aun antes del concilio se esforzaba en
cultivar la Liturgia. Había estado en Bélgica con el Cardenal Suenens y se
entusiasmó al ver al pueblo participando activamente.
También se volcaba en la formación
por medio de círculos semanales y Apostolado Obrero. En el edificio del Consejo
tenían Capilla y los jueves con el Acto Eucarístico les daba preciosas pláticas
D. José Guerra Campos, joven sacerdote entonces.
Al poco tiempo a Carmela la
nombraron vocal de catequesis. En 1942 fue admitida en las Hijas de María como
premio a su buen comportamiento y procuro redoblar el amor a la Stma. Virgen
que le brotaba del fondo del alma.
Estudio mucho, todo le interesaba.
Le apasionaba sobre todo el estudio de las lenguas clásicas. Recordaba con
admiración y gratitud a la M. Cal, que les enseñaba con gran entusiasmo y se lo
contagiaba. En un examen les puso un texto del Evangelio de S. Mateo para
traducirlo y analizarlo gramaticalmente. Carmela, nada más verlo, dijo que no
era capaz y quiso retirarse del examen. La M. Cal no se lo consintió, la hizo
sentarse en el pupitre, que esperase unos minutos y lo intentase de nuevo. Así
lo hizo y el examen le salió perfecto. Después de corregirlo la llamo a solas y
le dijo que tenía el defecto de aturdirse ante algo nuevo, como a quien le da
un mareo y que tenía que esperar un poco antes de actuar o resolver algo porque
luego le paso hasta el final, porque era cosa de su temperamento y decía con
humildad: “Debe ser amor propio y soberbia”.
En la Reválida le paso algo
parecido. Hizo perfecto el examen escrito pero no se atrevió a presentarse al
oral. Se presentó de nuevo a los dos en Septiembre y aprobó.
Decía que le venían muy bien estas
humillaciones, pues como verdaderamente era muy “talentosa” oía muchas
alabanzas suyas que humildemente reconocía que eran exageradas.
El Rector de la Universidad, que
calificaba los Ejercicios de redacción dijo a su padre que entre los mil que
había visto el de Carmela era con mucho el mejor. Se matriculo en la facultad
de Ciencias, pero fue un error porque echaba de menos las lenguas clásicas y la
Historia de la cultura. Había pensado en matricularse en Ciencias y letras a la
vez, y hacer las asignaturas que pudiese, pero por entonces había comenzado ya
a dirigirse con el famosísimo y santo padre Luis Herrera (jesuita) y le dijo
que de ninguna manera lo hiciese,
aconsejándole matricularse en Letras y le fue mucho mejor. Pero a Carmela el
Señor a través de la vida litúrgica, de la oración personal y del Apostolado le
había ido llenando el alma de su amor y deseo, hasta descubrir que quería ser y
vivir solo para Él.
El P. Herrera jamás le insinuó nada
de vocación, pero alentaba todas sus aspiraciones espirituales. Le había dado a
leer la vida de S. Juan Bermans y Carmela en la Enseñanza había conocido y leído
la Historia de un alma de Santa Teresita. Su amor a la Stma. Virgen y su
inclinación a la oración apostólica, que veía expresada en Sta. Teresita, le
hicieron pensar que tenía vocación de Carmelita Descalza. Cuando se lo
manifestó al P. Herrera éste le dijo que hacía tiempo que lo veía, pero no
había querido adelantarse.
Familia Álvarez–Taladriz Carvallo
Empezó a venir por el Carmelo a
hablar con las MM. Priora y Maestra y se acercaba el momento de decirlo a sus
padres. Fue un sufrimiento que la enfermaba, pues sabía que aun siendo tan
buenos cristianos les iba a costar muchísimo y sabía que iban a sufrir.
Al principio les sorprendió y no lo
aceptaban. Hubieran deseado, sobre todo su padre, que terminase la carrera.
Finalmente le dio el permiso y cuando por la noche su madre fue a su habitación
se encontró a Carmela llorando sobre el texto griego de Tucidides que estaba
traduciendo… porque también a ella le costaba dejar sus Lenguas Clásicas a
pesar de desear muchísimo entrar en el Carmelo.
La Acción Católica Diocesana como
preparación a la gran peregrinación de jóvenes de España en el Año Santo de
1948 a Santiago de Compostela preparo una peregrinación a Fátima durante el
Primer Sábado del mes de Mayo de 1947, unos meses antes de entrar Carmela en
nuestro Monasterio.
Durante la Exposición del Santísimo
en la Escalinata de acceso a la Basílica, Carmela se sintió movida a ofrecerse
totalmente a dejarse conformar enteramente con Cristo Crucificado. Aprobado por
el P. Herrera hizo lo que ella llamaría siempre “el voto de Fátima” y que
tendría presente en cada etapa de su vida.
Se comprometía con el a:
1) A elegir siempre y en todo la parte
de más sacrificio y humillación, lo más bajo.
2) Mortificando su cuerpo.
3) No poniendo gozo ni buscando
consuelo en ninguna criatura.
El modo de cumplirlo seguramente fue
cambiando con la vida misma, y esto nos explica el hecho de buscar los más
humildes quehaceres y su repulsa a ciertas delicadezas en los cuidados cuando
estaba enferma, todo junto en una naturaleza como la suya, aprensiva, con temor
a perder la salud. Solo Dios puede compaginar los contrastes entre nuestros
deseos y realidades. En Hna. M.ª Sofía convivían estos contrastes.
Ingreso en nuestro Carmelo a los 20
años el 11 de Octubre de 1947 cambiando su nombre por el de su madre. De su
familia la acompañaron hasta la Puerta Reglar solo Dña. Sofía y la tía Teresa,
que vino desde Lugo a acompañar a su hermana, cosa que hermana M.ª Sofía
agradeció muchísimo. Era un consuelo saber que su madre quedaba acompañada.

En
el Noviciado estaba como maestra la M. Gloria, muy buena, humilde y sencilla y
encontró dos compañeras ya de votos temporales y próximas a la Profesión
solemne. Con ellas comenzó su andadura en el Carmelo.
Venia
aureolada con una gran fama en lo humano y en lo espiritual y aunque había
leído a Sta. Teresita y varias obras de la Santa madre era muy distinto
conformarse y confrontarse con la vivienda del día a día. El día 18 de abril de
1948 vestía con mucha alegría el Santo Habito. En el Mes de Mayo hubo
elecciones y la M. Gloria fue elegida Priora. También ese mes profesaron sus
dos compañeras solemnemente y dejaron el noviciado.
Como
maestra fue nombrada la M. M.ª Consuelo, anterior priora. Para la nueva novicia
supuso un gran sufrimiento todo este cambio. Se quedaba sola en el noviciado
con la M. Maestra tan distinta en carácter y en modos de la M. Gloria. La M.
Consuelo era muy viva, muy entera o firme y trataba de despertar en las
novicias lo mejor de si mismas, la generosidad, el salir de si.
Hna.
M.ª Sofia era de maneras mas bien lentas, en los oficios ordinarios se
despachaba torpemente y la M. maestra era vivísima con lo que aun queriéndola
mucho tenia sus dificultades. La novicia era muy pulcra en todo, cuidadosa y
hacia bien lo que se le confiaba, aunque le llevaba mas tiempo. Era muy
“razonadora”, Quería llegar al fondo de todas las cuestiones. Al final de su
vida decía que había nacido luchando y moriría luchando. Necesitaba la
dialéctica y la discusión amistosa de temas espirituales y a veces no
encontraba entre nosotras las interlocutoras apropiadas… Y cuando venían
nuestros Padres gozaba pudiendo preguntar y clarificar los interrogantes sobre
la fe y la vida de oración.
En
el noviciado se metió de lleno en la lectura y profundización de las obras de
nuestros santos padres. Con su gran inteligencia y finura espiritual ahondo en
el los de una manera privilegiada y siempre tenia en las conferencias
espirituales y en las recreaciones una palabra oportuna, una cita suya que
iluminaba lo que se estaba tratando y con un criterio vocacional precioso.
Cobro
interés por conocer la vida de nuestros
santos de la Orden Primitiva también y era simpática la devoción que profesaba
al Beato Bartolomé Fanti. Deseaba poder rezar de todos ellos y siempre nos los
recordaba en sus fechas.
A
par de nuestros Santos Padres Sta. Teresita fue su gran amiga y compañera de
camino incluso en su ancianidad. Los últimos años quería vivir la Comunión de
los Santos y en los cuadros de su celda en el fondo blanco pegó estampas de
muchos de ellos. Así se sentía acompañada y protegida por ellos y ninguno de
sus amigos bienaventurados podía sentirse relegado ni olvidado. Santa Teresa
Benedicta la acompaño también en este final.
El
Señor la probó fuertemente durante el noviciado. Su padre enfermó de gravedad y
moría en vísperas de Navidad. Como sus hermanos eran pequeños y ella era la
mayor, se sentía como obligada en conciencia a ayudar a su madre a educarlos y
sacarlos adelante. Dña. Sofía, una mujer fuerte y muy providente no hacía más
que decir a su hija que fuese fiel a su vocación, que ella y los niños estaban
muy bien y en casa no la necesitaban. Pero nuestra hermana se sintió siempre
responsable de ayudarles con la oración y su fidelidad pero también con su cercanía a través de cartas
principalmente. Tuvo muy buena relación con sus cuñadas. Mutuamente se
quisieron mucho. Todos y todas le escribían. Y han sido muy cariñosos y
cercanos con ella y con nuestra Comunidad.
Cuando
murió inesperadamente su hermano Ángel, lo paso muy mal y sufrió por su mujer y
sus hijos a los que siempre siguió dando muestras de cariño y solicitud por
todas sus cosas.
El
3 de Mayo de 1949 hizo la Profesión Temporal, como quien llega a un puerto
largamente deseado tras las dificultades de una dura travesía. Su amor virginal
y esponsal a Cristo había sido sellado por la consagración.
Todo
su noviciado estuvo suspirando por tener compañeras y solamente siete meses
antes de la Profesión Solemne se cumplieron sus deseos. En Octubre, con pocos
días de diferencia entraban la hna. M.ª Paz, joven de la Acción Católica, que
había dado clases particulares a sus hermanos pequeños y la que después sería
nuestra querida y añorada M. M.ª Asunción, que había sido su amiga más íntima
después de que el P. Herrera le hubiese pedido que ayudase a la que entonces
era su joven profesora de latín en la Universidad, que pasaba por momentos muy
difíciles. Fue una alegría reencontrarse en el Carmelo. Hna. M.ª Paz, alegre,
vital, llenó de alegría el noviciado, la hna. M.ª Asunción traía su serenidad,
sus deseos de Dios, su preparación humana y espiritual. Ambas encontraron a una
hna. M.ª Sofía con su hábito viejo, zurcido y con sus noches espirituales
previas a la Profesión como tantas veces nos relatarían en las recreaciones…
El
3 de Mayo de 1952 hacía muy determinada y agradecida la Profesión Solemne,
insertándose de pleno en la vida de comunidad. Empezó a dirigirse
espiritualmente con el P. Francisco del Niño Jesús (Hermida) O.C.D. que venia
mucho por aquí por vivir en Santiago su familia. Muy buen carmelita le ayudó a
enraizarse fuertemente en la vida teologal como lo más característico y propio
de la Carmelita Descalza.
Supo
orientarla y ayudarla en el camino de la fe seca y oscura que tuvo que
atravesar y sabía tocarle las fibras más sensibles de su “yo”, que el padre
acorralaba finamente. No fue una dirección ni fácil ni gustosa pero se sujetaba
a ella lo más que podía porque sabía que le ayudaba a ir recta a Dios. Este
Padre, muy profundo e intelectual también le pidió muchas veces (Y también a
otras hermanas) estudios y trabajos de profundización en los documentos del
Concilio, la renovación de la vida religiosa y sobre nuestras leyes que se
ayudaron a profundizar más y más en lo especifico del Carmen Descalzo. Era una
erudita. Todo le interesaba, leía cuanto le venía a las manos, el mejor regalo
era un libro y esto hasta su muerte, con una ilusión por seguir aprendiendo y
descubriendo cosas nuevas e nuestros Santos Padres y en la Escritura. En esto
nunca envejeció.
Se
le confiaron casi todos los Oficios menores, aunque en los que más estuvo fue
en la Portería y Sacristía. Por su trato delicado, y exquisito era muy apreciada
por la gente y principalmente por los sacerdotes que venían. En todo reflejaba
su ser religioso. Era muy pulcra y cuidadosa.
Fue
consejera durante varios trienios, siendo muy valorado su parecer por todas las
prioras porque era clara y certera, sobre todo en el primer momento. Tenia
claridad vocacional fundamentalmente. Cuando las hermanas más jóvenes
comenzamos el Oficio en el noviciado nos ayudo dando algunas instrucciones a
las novicias.
Era
muy delicada y atenta con finos detalles de caridad con las compañeras. Cuando
sabía que una hermana estaba sufriendo se hacía la encontradiza para
consolarla, se interesaba si teníamos alguna preocupación familiar o por
nuestros padres ancianos. Nos escribía billetitos o nos copiaba textos que nos
dejaba en la celda para ayudarnos.
De
ayudante en los oficios se dejaba cargar en las limpiezas y caléos con la parte
más dura y desagradable, con su bata de trabajo desgarbadamente puesta y las
gafas en la punta de la nariz…
En
los santos y fiestas de la M. Priora o de las hermanas aparecía siempre con un
verso profundo, (los hacía preciosos) o humorístico para festejarnos. Tenía una
ironía muy fina. Era un regalo, su detalle de fraternidad, aunque luego tuviese
algún otro regalito; de condición sosa para las actuaciones, su misma sosera era
lo que mas gracia hacía y se prestaba sin problemas a cualquier papel que se le
diese, que sin quererlo ponía una nota humorística. Pero “Su numero” era hacer
de violinista. Se ponía dos trapos y un sombrero y con dos palos a guisa de
violín cantaba un romancillo compuesto por ella. Fueron pocas las veces que lo
hizo pero siempre un éxito…
Pintaba
muy bien. Hizo cuadros preciosos de rincones de nuestra huerta y del interior
de la casa.
Resalto
notablemente como característica personal suya la pobreza. Había hecho
propósito de no pedir nada para si ni a su familia ni a la comunidad y pasaba
con lo que se le daba. Aprovechaba las mínimas cosas, tenía aspecto de
despistada, pero no se le pasaba nada. Dejaba para su uso lo que necesitaba,
sin otras exigencias. Fuera de libros, papeles y estampas no encontramos nada
después de su muerte y todo perfectamente ordenado y clasificado.
En
el año 1993 se comenzó la Causa de Canonización de nuestra M. Fundadora, la
Sierva de Dios M.ª Antonia de Jesús (D. M. ya muy pronto será Venerable). Se le
pidió a ella escribir una Biografía con un lenguaje actualizado que hizo
preciosa, con la frescura y belleza literaria o lirismo que siempre tuvo y que
hacía una delicia leer sus cartas, crónicas o lo que fuese.
Podemos
decir que a la Causa de M. M.ª Antonia estuvo dedicada los 25 últimos años de su
vida, siempre repasando papeles o escribiendo algo sobre ella. Su deseo de
penetrar el misterio de la fe le hacía disfrutar con las descripciones y
experiencias de la intensa vida espiritual de la Madre en su intimidad con Dios.
En
Marzo de 1984 tuvo una parada cardíaca en la oración de la tarde producida por
una aspirina que se adhirió a la pared intestinal y le produjo una hemorragia
interna. Por teléfono un médico dijo ponerle una inyección que teníamos
providencialmente en casa mientras él llegaba y que le salvo la vida. Ella
decía después con gracia que el Señor le había dicho: “Vuélvete, Paloma” cuando
ella se lanzaba hacia los collados eternos.
Anteriormente
tenía una dolencia cardíaca que estaba controlada con la medicación y de cuando
en cuando se le hacía una revisión. Desde el paro cardíaco ya no se le
confiaron oficios.
Compaginaba
el trabajo intelectual con pequeños trabajos y servicios, a los que se ofrecía
seguro que cumpliendo su “voto de Fátima” como empaquetar formas y doblar las
tollas y servilletas en la ropería. También pidió lavar las tazas del desayuno
y los cubiertos para aliviar a las hermanas durante bastantes años, y a hacer
el arroz con leche, el postre para los cumplidos de la Comunidad.
Sufrió
mucho con la sordera. Siempre vibró con todo lo de la Comunidad y le gustaba
estar al tanto de todo lo que a ella se refería. Al perder oído perdía muchas
cosas en recreación, pues aunque le referíamos lo esencial, resumiendo, le costaba
no oír todo. Casi le causó una depresión. Le consoló mucho una intervención de
Papa Benedicto XVI hablando de Beethoven, que tuvo un gran abatimiento por
causa de su sordera pero que acercándose a Dios experimentó una inefable
armonía que le llenó de gozo y paz. Y decía riendo: “Mire que compararme yo a
Beethoven. Es mi “Menguante lunar”, pero aún no he llegado al Exinanivit”.
Visita que le hicimos el 28 de abril de 2015
Cuando
fallecieron las hermanas de su generación e incluso más jóvenes que ella y pasó
a ser la mayor también tuvo su parte de sufrimiento, como una especie de
soledad, aunque nos esforzábamos por llenar esos huecos, pero no es lo mismo.
Se
sintió entonces responsable de ayudar a sostener y acrecentar el buen espíritu
de la Comunidad y venía humildemente a decirme lo que le parecía debíamos
cuidar o corregir y siempre su palabra de ánimo: “Vamos muy bien, Nuestra
Madre. Dios nos va a ayudar”.
En
Octubre de este año le celebramos festivamente con versos, cantos y tarta los
70 años de entrada y el 12 de Noviembre los 91 de edad. Disfrutó muchísimo,
pues era jovial y muy agradecida. El año anterior al cumplir los 90 tuvo un
bajón de ánimo muy fuerte, se encontraba mal y por precaución la llevé a varios
médicos, que la encontraron normal. Tenia sencillamente 90 años, pero todo
estaba bien. Se alegró y tranquilizó al decirle que aunque no tuviese nada la
íbamos a cuidar igual; por decirlo de alguna manera, se declaro oficialmente
anciana. Hasta entonces ella se hacía todo y seguía con sus trabajitos. Ahora
ya se le hacía casi todo y se quedó feliz en la celda, su “Paraíso” con la vida
siempre deseada de ermitaña: Leer, rezar, escribir… Venía al refectorio, a la
Eucaristía y los días que estaba bien media hora en la recreación del mediodía.
Al cambiarle los audífonos y oír mejor venía también los Domingos al capítulo
para el estudio de la Vultum Dei.
Revisando unas fotografías, siempre fue de gran ayuda en mis investigaciones familiares
Al
cumplir los 91 se repitió el bajón del año anterior. Decía que tenía mucha
fatiga. Como sus hermanos Ramón y Pepe estaban con oxígeno permanente y ella
era aprensiva y a veces creía que tenía lo que otras hermanas, pensamos que era
aprensión, pero de nuevo la llevamos a varios médicos. El cardiólogo la
encontró muy bien, saturación de oxigeno estaba perfecta, etc. Le preguntó si
tenía alguna preocupación y le respondió: “Doctor. Y tal y como está el mundo,
¿Cómo no voy a estar Preocupada?”. Él se río y le dijo que tenía razón, pero
que tenía que estar tranquila porque la solución la tiene Dios. Ella me decía
que estaba de marcha y como los médicos decían que estaba bien yo le respondía
que podía vivir muchos años y que la Comunidad la necesitaba, que celebraríamos
lo 100. Con mirada pilla con la cabeza me decía que no.
Para
las novicias que entonces teníamos escribió el paralelo de la doctrina de la
Santa Madre y el Santo Padre, precioso y muy iluminador.
Y
a finales de Noviembre me entregó un resumen del Primer libro de la Subida
“quitando lo tedioso y repetitivo del Santo para facilitar su lectura”, me
dijo. Todo con ilustraciones que había ido buscando y con su preciosa letra,
clara y firme que no parece de una nonagenaria ni mucho menos.
El
25 de Diciembre se sintió mal y me pidió llamar a un médico con el que se
entendía muy bien, ya mayor. Como la vio también bajita de ánimo estuvo mucho
tiempo con ella en una conversación médico-espiritual. Ella le repitió lo que tantas
veces me ha dicho en los últimos años: “He sido desperdiciadora de mi alma” y
el médico se quedó un momento callado y respondió: “ Y ¿ Quién no, hermana?”.
El
lunes me dijo estaba peor y no se quiso levantar. Volvió el médico y encontró
bien el corazón y los pulmones. La saturación estaba baja pero no le dio
importancia alegando varias razones, le dijo que era mejor que se levantase
para respirar mejor. Por la tarde al ver que la saturación seguía baja y
temiendo que por ser mayor el médico no acertase pedí a otro médico que viniese
y ya preparé todo para salir a urgencias, pero dijo lo mismo que el otro médico
y que no la ingresarían ni pondrían oxigeno porque ventilaba bien y el corazón
estaba muy bien.
El
martes 19 por la mañana nos dijo que había pasado mala noche y que tenía una
fatiga extrema. La vi muy pálida y entonces ya pedí a nuestro jardinero, Jaime,
si nos acercaba al Policlínico a Urgencias. Hasta las dos de la tarde no la
atendieron. Luego, como le dije al médico la baja saturación que tenía y que le
veía los labios morados, dijo que le pondrían oxigeno.
A
las 4 nos dijo que la iban a ingresar pero nada de gravedad. Ella me dijo muy
sentida: “Nuestra Madre. Yo ya sabía que no pasaría otro invierno”. Le respondí
que no estaba para morirse, que los médicos no la encontraban mal, que con el
oxígeno seguramente que al día siguiente nos mandaban para casa. Al subir a la
habitación vimos a una Doctora que siempre es muy cariñosa con nosotras; me
pregunto qué pasaba. Le referí lo sucedido y fue a preguntar y nos dijo que al
terminar la guardia subiría junto a nosotras a la habitación para decirnos,
pero que estuviésemos tranquilas, que no era nada grave. Hna. M.ª Sofía todo era
decirme que yo no había comido y quedó tranquila al ver que yo también tenía
cama para pasar la noche. Todo era estar pendiente de mí.
También,
como ese día no había comulgado por la marcha a Urgencias y las pruebas que le
habían hecho, su deseo era comulgar al día siguiente y me pidió que avisase
para ello. Le dije que primero había que esperar a la Doctora, pues hablaban de
hacerle un TAC al día siguiente, no fuese que viniese el sacerdote y ella no
estuviese. Fue su último deseo.
Con
la mascarilla de oxígeno estaba aliviada; después de un rato quiso acostarse y
me pidió que le diese la bendición pues presentía que iba a dormir mucho. Le
dije que aún eran las 6 de la tarde y que después tendría que espabilarla para
la cena y si venía la Doctora. Ella me dijo que como pasó mala noche y en
urgencias no le dejaron dormir la siesta que por si acaso le diera ya la
bendición. Se la di y le comenté que iba a rezar las Vísperas por si después no
me dejaban, si quería que rezase en voz alta y me respondió “Recelas para sí,
que le aprovechan más” siempre su delicadeza por no decir que no estaba ni para
oír rezar.
Iba
a venir Isolino, amigo de la Comunidad a traernos de casa lo necesario para la
noche y pidió que le trajese por caridad el Breviario.
Dormitaba,
pero de cuando en cuando abría los ojos para ver qué pasaba a su alrededor.
Ya
vino Isolino y lo recibió con su cortesía. Le dijo con pena que sentía
muchísimo darnos a la Comunidad esos malos momentos en estos días cercanos a
Navidad. Al despedirse le dijo: “Hasta mañana en la Misa de 8 y cuarto” y
respondió ella: “A esa hora va a ser difícil” y a su respuesta: “Bueno, pues
entonces a las 12 y cuarto” le repuso: “Lo que Dios quiera”.
Vino
un enfermero y dijo que le iba a poner un antibiótico, que la Dra. Había
encontrado principio de neumonía. A las 8 y cuarto le trajeron la cena y quiso
sólo una tortilla francesa. Llamaron de casa y hablé con la M. Superiora. Le
dije que todo estaba bien, que estaba tranquila, cenando y que esperábamos la
visita de la Dra.
Y
nos despedimos hasta el día siguiente.
Hna.
M.ª Sofía iba a tomar una medicina en un vasito y dio un manotazo cayendo el
líquido por la cama y al suelo. Me incliné a secar el suelo y al mirarla vi su
cara roja y le pregunté si estaba nerviosa. Me dijo que no con la cabeza, le
pregunté si se encontraba mal y me dijo que sí. Salí corriendo al control a
llamar al enfermero que vino detrás de mí. Tenía en el bolsillo una jeringa
cargada que inyectó en la vía y tras
unos minutos me dijo “Hermana, creí que se nos iba, ¡Qué bajón! De repente
empezó de nuevo a ponerse mal. El Enfermero salió a llamar a los médicos y me
pidieron al venir que saliese de la habitación. Viendo que hermana M.ª Sofía se
moría les dije que no saldría que por favor me dejasen quedarme. La Dra.
Codesido me dijo “Es que se está marchando”. Le respondí “Pues por eso le pido
déjeme quedarme, que no voy a hacer ninguna escena”. Me pregunto si quería que
le hiciesen una reanimación fuerte y le dije que no, que si se estaba yendo con
Dios, para nosotras no era una tragedia, que era lo que toda su vida había
deseado la hermana y que ya lo único importante era rezar. Con mucho respecto
me dijo que sí y me permitió acercarme a la cabecera. Le coloqué el escapulario
grande por encima, que ellos habían retirado
para ponerle unos nódulos, y la cogí de la mano. Ella me miraba
fijamente con una respiración que se ahogaba y le dije las tres jaculatorias de
“Jesús, José y María”, el Ave María y ya su alma estaba con Dios ante mis ojos
atónitos y el corazón muy dolorido por lo rápido e inesperado que había sido.
Llamé
a casa para que viniese la Superiora para amortajarla, y también a un sacerdote
pues había muerto sin recibir últimamente la Unción de enfermos ni la
absolución. Vino D. Carlos Carrasco, coadjutor de nuestra parroquia de S.
Miguel y los dos solos rezamos las oraciones de después de la muerte. Muy
agradecidas estamos a D. Carlos que en varias ocasiones así, lo puso el Señor a
mano y con toda solicitud nos acude a cualquier necesidad.
Ya
con José, nuestro fiel demandadero, que llevó la noticia al convento, llegó la
Supriora y una vez amortajada la trajimos para casa. En el atrio estaban ya D.
Carlos, José, Isolino y otro buen amigo, Salvador para ayudar a bajar hasta la
puerta reglar donde la comunidad esperaba muy impresionada y aún sin poderlo
creer, con capa blanca para acompañarla por última vez al coro mientras las
campanas tañían a difuntos como aviso, sufragio y como doloroso lamento por la
partida de tan querida hermana.
A
las 8 y cuarto como todas las mañanas teníamos la Misa de Comunidad con ella de
cuerpo presente. La lectura de la Misa del 20 de Diciembre nos conmovió. Era
del Cantar de los Cantares. El Esposo, aquel Ciervo vulnerado que hacía años le
había dicho: “Vuélvete Paloma” ahora la llamaba y le decía “Levántate, amada mía,
paloma mía, ven a mí, que ya ha pasado el invierno”, a ella que tanto lo temía…
Avisé
temprano a sus hermanos. El funeral y entierro no serían hasta el día 21. Como
no sabían que estaba mal fue una dolorosa y sorpresiva noticia para todos.
Pepe, que estaba esos días y está ahora particularmente delicado no podia venir
ni su mujer y lo sintió mucho.
Pero
Chus con su hija Geliña, Ramón con su oxígeno a cuestas con su mujer Carmenchu
y sus hijos a media mañana vinieron para ver y rezar ante el túmulo de su
hermana y tía, y al funeral y entierro. Sus primas, Cristina que tantas
delicadezas tuvo con ella estos últimos años y Carmina, que la quería como a
una hermana, también pudieron acompañarnos.
Cristina,
la mujer de Ángel se hizo presente desde Madrid por teléfono.
Chus
había sido el último en verla. Geliña lo trajo la víspera del 91 cumpleaños
para felicitarle y teniendo que entrar un obrero llevé de tercera a hna. M.ª
Sofía para que se diesen un abrazo. Se emocionaron mucho, eran los dos hermanos
mayores y sin saberlo, se despedían hasta el cielo.
Pepe
recibió una carta después de ella muerta que había escrito pocos días antes,
tal vez la víspera y a Ramón le dimos un lote de revistas y chucherías para los
nietos que previsoramente tenía ya preparados para la visita de Navidad. Era el
último cariño para cada uno de una hermana con corazón de madre para cada uno.
El
funeral y entierro fueron a las 11 de la mañana presidida por D. Víctor Maroño,
que cada mañana celebra con nosotras la Eucaristía haciendo de Capellán
acompañado por 16 sacerdotes, entre ellos el Delegado episcopal para la vida
religiosa y D. Manuel Rozados, nuestro capellán de los domingos. A todos les
agradecemos su presencia y compañía.
Nuestro
S. Arzobispo, como tenían consejo episcopal vino a primera hora de la mañana,
entrando al coro para rezar un Responso y acompañarnos paternalmente. Lo mismo
hizo D. Jesús, su Obispo Auxiliar y nuestro P. Confesor José M.ª García
Trapiello y otros sacerdotes que no podían venir por tener el Retiro sacerdotal
a la misma hora que el funeral.
Hna.
M.ª Sofía no parecía tan mayor, La corona de flores que tenía en la frente
estaba hecha con flores blancas y otras muy chiquitas de color rosa que le
daban un aspecto muy juvenil, tal como ella era.
Lo
que escribió un día: “He descubierto una playa de paz y de misericordia. Siento
el gozo de olvidarme de mi y abismarme en Dios. La alegría infantil de hundirme
en la arena y el mar… Desde lo hondo de mi pobreza clamo a Ti, mi Señor y te
suplico. ¡Atráeme, Jesús! Y así, yo, que he sido desperdiciadora de mi alma,
podré decir al fin: Andando enamorada, me hice perdidiza y, por tu
misericordia, fui ganada”.
Desde
la otra orilla, las “Riberas verdes”, nos parece que nos lo repite a nosotras.
Les
pedimos que por caridad la recuerden en sus oraciones, especialmente en la
Salve de un Sábado. Ella se lo pagará desde el cielo, pues era muy agradecida.
Rueguen también por nuestra Comunidad y por la menor de todas.
Ana de la Esperanza i.c.d. priora
· María
del Carmen Álvarez Carvallo, monja de clausura en Santiago, nació el 12 de
noviembre de 1926, falleció el 19 de diciembre de 2017.
· Jesús
María Álvarez Carvallo casado con Ángela Aller Rodríguez, hijos:
§ Jesús María Álvarez Aller casado con
Nuria, tuvieron por hijos a:
o Jesús.
o Ignacio.
§ Ángela María Álvarez Aller casada con
Rafael.
· Ángel
María Álvarez Carvallo casado con Cristina Chavarría, nació el 9 de noviembre
de 1931, tuvo por hijos a:
§ Santiago Álvarez Chavarría casado con
Mar, tuvieron por hijos a:
o Daniel.
o Julia.
§ Cristina Álvarez Chavarría casada con
Patrick, tuvieron por hijos a:
o Alexander.
o Clara.
· Ramón
María Álvarez Carvallo casado con María del Carmen Lens Linaza, hijos:
§ María del Carmen Álvarez Lens.
§ Ramón Álvarez Lens.
§ José Álvarez Lens.
· José
María Álvarez Carvallo casado con Amalia, hijos:
§ Belén Álvarez casada con José Antonio..
§ Sofía Álvarez casada con Gonzalo,
tuvieron por hijos a:
o Álvaro.
o Sonsoles.










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