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María del Carmen Álvarez Carvallo

 

Carmelo de Santiago de Compostela

10 de Marzo de 2018

 

Jesús y María sean siempre en nuestras almas nos concedan alegrarnos siempre en la voluntad de Dios, muy queridas Madres y Hermanas:

El 19 de Diciembre pasado el Divino Ladrón vino inesperadamente (aunque la Liturgia de Adviento ya nos recordaba exultante que “el Señor está cerca”) a llevarse para vivir la Navidad Eterna a nuestra muy querida Hna. M.ª  Sofía de la Stma. Trinidad (M.ª del Carmen Álvarez Carballo a los 91 años de edad y 70 de vida en el Carmelo.

            Ha sido una dolorosa y grande pérdida para nosotras porque con ella se terminó una generación de Descalzas con un sello muy especial que no sé cómo definir.

            Concretamente de hna. M.ª Sofía de la M. M.ª Carmen, tantos años priora, decía que tenía el espíritu de las Carmelitas Primitivas y seguramente es la mejor y más bella definición de nuestra hermana.

            Carmela nació, primer hijo del matrimonio de sus padres Jesús Álvarez Taladriz y M.ª Sofía Carballo Álvarez, el 12 de Noviembre de 1926 en la casa de sus abuelos maternos en Lugo.

            Sus padres se conocieron en Valladolid, de donde era D. Jesús, que pertenecía a una familia dedicada a la Abogacía y profundamente anticlerical, contrarios a todo lo piadoso. Eran liberales y abundaban en chistes anticlericales, silenciando un respecto a la fe nunca discutido.

            Sin embargo vivían un ambiente sano y rico en valores humanos y con respeto y aprecio hacia todas las personas, especialmente hacia las más humildes.

            Dña. Sofía tenía en Valladolid un hermanastro casado con una hermana de D. Jesús que le invito a pasar unos días con ellos y en su casa se conocieron.

            Ella pertenecía a una familia profundamente cristiana y muy piadosa. Su padre, D. Esteban también era Abogado. Muy tradicional y monárquico, pero sin preocupaciones políticas. Tocaba el piano y vibraba con la música.

            D. Jesús empezó a venir a Lugo para visitar a Sofía y ¡Lo que hace el amor! Ella empezó a catequizarle, descubriéndole la belleza de la fe y enseñándole a amar a Dios.

            Si se casaban ella quería formar un hogar cristiano y él quería hacerse a ella.

            La abuela Jesusa que les oía en el jardín les decía: “Pero vosotros, ¿Os pasáis el día rezando?

            Jesús regaló a Sofía algunos años después un Catecismo que ella le había dado con la dedicatoria: “Guárdalo, Sofía. En él y con tu ayuda yo he aprendido a rezar, que es igual que aprender a amar y conocer a Dios”.

Casa de Esteban Carvallo de Cora

            Se casaron en Lugo, en una sala de la casa de Sofía preparada para ello. No hubo misa pero un sacerdote oficio el matrimonio según la liturgia de entonces. Lo hicieron así porque D. Jesús no quiso violentar a su hermano mayor, el tío Pepe que era su Padrino; éste representaba a la Ley, como Abogado.

            Los dos Novios habían ido muy temprano a confesarse y a la santa Misa y comulgaron juntos. La vida familiar la iniciaron en Cornudella, Cataluña, donde D. Jesús tenía la Notaria Deseaban mucho poder trasladarse más cerca de la familia y Dña. Sofía, que esperaba el primer niño, prometió a la Virgen del Carmen que pondría el nombre de Carmen si era niña al bebe si su marido aprobaba unas oposiciones que hacia justo el día del Carmen.

            D. Jesús las aprobó y ganó la plaza de Villalba (Lugo), cerca de la familia de Sofía y así, nacida la niña en casa de los abuelos de Lugo se le impuso el nombre de Carmen al bautizarla en la Parroquia de S. Pedro.

            Instalados  en Villalba, sus padres la llevaron a una ermita de sus afueras para ofrecérsela a la Virgen. No pensaban entonces en que fuese monja, sino sólo una buena cristiana.

            También entronizaron en casa en el lugar más digno, en la sala, el Corazón de Jesús.

            Los padres hacían los Primeros Viernes y al regresar su padre cogía en brazos a Carmela para que de los pies de la imagen cogiese un bombón.

            Poco antes de cumplir los dos años nacía Chus, su primer hermanito, que aunque lo quería mucho la hizo ponerse triste como la Princesa destronada…

            Empezó a antojársele todo lo de su hermano y querer ser en todo como él. En vano su madre le decía que ella ya era mayor…

            La crisis llegó a la cumbre un día de Reyes. Los Magos le dejaron a ella una muñeca y a Chus una camioneta azul.

            En cuanto vio los juguetes le dio a Chus la muñeca y ella cogió la camioneta. Su madre no quiso consentirlo, pero, como era un día de fiesta, una de sus tías medio y dijo que iba a poner un telegrama a los Reyes y al cabo de un tiempo llegó otra camioneta pero de color rojo. De nuevo le dio la roja a su hermano y cogió la azul. Su madre le dijo que los Reyes nunca más le iban a traer ningún juguete porque no obedecía y era caprichosa y si seguía así se pondría tan fea que nadie la querría y añadió “la espada de dolor” para la pobre Carmela: “Ni yo tampoco, porque no eres niña buena”. Ante esta amenaza la camioneta la fue soltando poco a poco. Ya era una niña buena… Hna. M.ª Sofía decía que había sido la primera conversión de tantas que hizo en la vida y “que aún no había acabado”. Pero las palabras de su madre habían entrado fuertemente en su corazón y el “Ser buena” resonaba constantemente sobre todo cuando su temperamento la arrastraba sin poderlo dominar.

Carmela alrededor de 1930

            La vida de piedad la fue aprendiendo de sus padres sin sentir. Su madre era muy viva, muy sensata e inteligente y sobre todo positiva. Percibía lo negativo y sufría pero lo callaba con sencillez y con sus advertencias iba formando y guiando a Carmela. Iba a cumplir cinco años cuando nacía el tercer hermanito, Ángel, que fue recibido con gran alegría y percibió con sorpresa que Chus, con su gran corazón no sintió las “ruindades” que ella había sentido al nacer él. Sí que al asistir al Bautizo en brazos de su padre no se quedó tranquila hasta estar segura de que con ella habían hecho lo mismo y también era hija de Dios…

            Un día descubrió que de rodillas en el sofá, si saltaba un poquito los muelles la lanzaban para arriba y estaba encantada, pero su padre se lo prohibió. Obedeció, pero al rato pensó que si saltaba de pie el impulso era mayor y llegaría más alto. Empezó a probar y era maravilloso, pero al tercer salto dio con la cabeza en una estantería y todo cayó al suelo. Con el ruido apareció su padre, que le dio un par de azotes y se marchó sin decir nada.

            Carmela rompió a llorar a mares y echada en una butaca se quejaba de la cabeza sintiéndose gravísima pero su madre al curarle el chichón le dijo: “Hija yo creo que tu dolor está en otra parte” aludiendo a los azotes, y era que por no haberlos recibido nunca le habían dolido en el alma. Fue la única vez que D. Jesús dio a nadie un par de azotes.

            El año 1933 hubo concurso de plazas y se trasladó a la Notaria de Sarria (Lugo). No encontraban casa para alquilar suficiente para toda la familia y entonces decidieron guardar los muebles coger un piso con dos dormitorios mientras encontraban casa grande y como los abuelos en Lugo estaban ilusionados dejaron a Carmela con ellos en su casa. Le dieron muchas recomendaciones: Ser muy buena (siempre el mismo consejo) y que no se encaprichara; que fuese muy cariñosa y obediente con los abuelos. Ella lo comprendía, pero ¡hacerlo! Se le pedía comportarse como una persona mayor y además de resultarle muy difícil confesaba que no le apetecía ni pizca…

            Ingreso en el Parvulario de las Siervas de S. José de Lugo. Como ya sabía leer y algo de números la pusieron con el grupo de las mayores.

            En casa de los abuelos vivían también la tía Araceli y la tía Maruja y rodeaban a Carmela de cariño y atenciones hasta el exceso.

            Tía Araceli la recogía al salir del colegio y todos los días la llevaba a visitar el Santísimo a la Catedral. Luego visitaban la Capilla de la Virgen y otra capilla muy carmelitana con la Virgen del Carmen y nuestros Santos Padres, “para que Santa Teresa te de  entendimiento”, decía la tía…

                                    Capilla del Carmen en la Catedral de Lugo

            Las Tías le habían dicho que nunca debía sentarse en las butacas que usaban los abuelos, pero un día se le ocurrió probar que tal se estaba en ellas. No había hecho más que sentarse cuando apareció el abuelo y ella se escapó volando al otro extremo de la casa.

            Un día se fijó en las manos de su abuelita y dijo: “Oh, que lindas manos tienes abuela, todas llenas de arruguitas” a lo que tía Araceli después le dijo que “a los abuelos y ancianos no se les alaban las arrugas”.

Adquirió así unas maneras y un porte de persona mayor, una cortesía muy especial, como de tiempos antiguos, que nos hacía mucha gracia…

            A principios del año 34 toda la familia fue a Valladolid. Los tres nietos que eran entonces, aun no conocían a la abuela Jacinta. El padre siguió hasta Madrid pues quería orientarse para unas oposiciones que quería ganar. A Carmela la mandaron al colegio de las Carmelitas de la Caridad para terminar de prepararse para la Primera Comunión. Ya se sabía casi todo el catecismo de memoria. Su madre la preparo para la primera confesión en la Basílica del Corazón de Jesús donde su padre, ya mayor, se había confesado por primera vez.

            Dña. Sofía pasó antes que la niña por el confesonario para advertir al sacerdote que era la primera vez que se confesaba. No le fue muy bien. No veía nada ni a nadie. Empezó a hablar y se quedó callada un momento y el sacerdote dijo algo que ella no entendió. Le puso la penitencia y la absolvió en latín. Carmela le dijo: “Aun me falta un pecado”, pero no debió oírle y repitiendo la penitencia le dijo: “Ya te puedes ir”. Se levantó muy disgustada pensando que no se había confesado bien.

            Al volver a casa encontraron al tío Joaquín que venía a buscar a la abuela y a todos para dar un paseo. Dña. Sofía dijo que Carmela tenía que quedarse dando gracias y que no podía ir de paseo. ¿Adiós al bombón helado que el tío solía comprarles? Peo venia de hacer la primera confesión, así que se resignó. Su madre al volver le trajo un buen pastel para celebrar su confesión y lo mejor de todo es que le dijo que estaba muy contenta porque había sido muy buena. Ese superlativo lo oía muy pocas veces.

            El traje blanco que se iba a poner para la Primera Comunión le hacía mucha ilusión. Su madre la hablaba de la blancura del alma que simbolizaba. Carmela no paraba con su traje blanco hasta llegar a cansar. Un día le dijo a su padre: “Papa, el día de mi Primera Comunión voy a llevar un vestido de color…” y su padre haciéndose el despistado le dijo, ¿Qué? ¡Ah, sí! Vas a llevar un vestido de color… ¡Panza de Burro! Todos se rieron menos Carmela que se sintió herida en su ardiente ilusión.

            Hizo la Primera Comunión en casa de Tía María, hermana menor de su abuela Jesusa en el Oratorio de su Palacete el día de N. M. Santísima. Su tía le regalo el reclinatorio que uso para esa ocasión y que luego trajo al Carmelo y seguimos usando cuando algún niño hace la Primera Comunión en nuestra iglesia. La tarde de ese día acompañó la Procesión de la Virgen con su vestido blanco virginal llena de contento. Un sueño se había cumplido.

            Ya se instaló la familia entera en Sarria. Carmela feliz de quedarse en casa con sus padres y sus hermanos y empezó a ir a clase a una Academia con profesores que venían de Madrid, hasta que al estallar la guerra Civil y cerrase la Academia volvió a Lugo a casa de los abuelos para empezar el Bachillerato con las Siervas de S. José.

            Aquel verano del año 36 nacía Ramón, el cuarto hermano que también fue recibido con mucha alegría.

            Varios tíos y otros familiares luchaban en la contienda de España y los abuelos encendieron una vela ante la imagen de Sta. Bárbara que renovaban mientras duro la Guerra.

            El abuelo esteban mandaba al frente paquetes de comida y la tía Araceli trabajo en el hospital de sangre de heridos de la guerra con mucha abnegación.

            Esta situación marcaba profundamente la vida familiar aunque en Galicia no hubo lucha como en otras regiones.

            D. Jesús, gran pensador y jurista nato no comprendía la profesión militar. Le repelía el uso de la violencia pensando que jamás los hombres se entenderían a tiros o a palos sino dialogando.

            Ya en el año 38 al volver una tarde del colegio el abuelo le anuncio que tenía un hermanito más; Pepe, el último de los 5 hijos.

            La abuela de las lindas manos falleció en Navidades de ese año y su madre quiso que fuese a despedirse de ella y le diese un beso antes del entierro. Su padre la acompañó, pero al llegar a la puerta de la habitación fue incapaz de entrar. Su padre, muy comprensivo la cogió del brazo y dio vuelta atrás diciendo: “Hija, hemos hecho lo que hemos podido.”

            Hna. M.ª Sofía decía que ahí es cuando empezó a querer mirar a la muerte de frente y que veía los frutos al ser mayor y poder pensar en ella sin temor.

            Su padre consiguió traslado a la Notaria de Santiago de Compostela porque deseaba que los hijos pudiesen estudias las carreras estando en casa.

            En el colegio de la Enseñanza de la Compañía de María iniciaba Carmela el 5º de Bachillerato. Era una muchacha reflexiva y profunda, como su padre. Pasados los años se veía muy ingrata con el Señor porque se había apropiado de estos dones con cierta suficiencia y haciendo pasar las gracias que Él le concedía por el control de su razón. En seguida conoció la Acción Católica y perteneció a ella.

            Fue una gracia inmensa que la marcó para siempre. Conoció a la Iglesia viva y aprendió a amarla. Su vida interior se desarrolló inmersamente con la estupenda formación y Dirección que recibía. No tenía aun edad para pertenecer al grupo de las jóvenes, pero cuando vieron lo que valía la Presidenta Diocesana la introdujo en el grupo que formaban el Consejo, todas jóvenes ejemplares.

            El Consiliario era entonces el joven sacerdote D. Pio Escudeiro, del todo entregado a la Acción Católica. Entonces se le consideraba un poco avanzado pues aun antes del concilio se esforzaba en cultivar la Liturgia. Había estado en Bélgica con el Cardenal Suenens y se entusiasmó al ver al pueblo participando activamente.

            También se volcaba en la formación por medio de círculos semanales y Apostolado Obrero. En el edificio del Consejo tenían Capilla y los jueves con el Acto Eucarístico les daba preciosas pláticas D. José Guerra Campos, joven sacerdote entonces.

            Al poco tiempo a Carmela la nombraron vocal de catequesis. En 1942 fue admitida en las Hijas de María como premio a su buen comportamiento y procuro redoblar el amor a la Stma. Virgen que le brotaba del fondo del alma.

            Estudio mucho, todo le interesaba. Le apasionaba sobre todo el estudio de las lenguas clásicas. Recordaba con admiración y gratitud a la M. Cal, que les enseñaba con gran entusiasmo y se lo contagiaba. En un examen les puso un texto del Evangelio de S. Mateo para traducirlo y analizarlo gramaticalmente. Carmela, nada más verlo, dijo que no era capaz y quiso retirarse del examen. La M. Cal no se lo consintió, la hizo sentarse en el pupitre, que esperase unos minutos y lo intentase de nuevo. Así lo hizo y el examen le salió perfecto. Después de corregirlo la llamo a solas y le dijo que tenía el defecto de aturdirse ante algo nuevo, como a quien le da un mareo y que tenía que esperar un poco antes de actuar o resolver algo porque luego le paso hasta el final, porque era cosa de su temperamento y decía con humildad: “Debe ser amor propio y soberbia”.

            En la Reválida le paso algo parecido. Hizo perfecto el examen escrito pero no se atrevió a presentarse al oral. Se presentó de nuevo a los dos en Septiembre y aprobó.

            Decía que le venían muy bien estas humillaciones, pues como verdaderamente era muy “talentosa” oía muchas alabanzas suyas que humildemente reconocía que eran exageradas.

            El Rector de la Universidad, que calificaba los Ejercicios de redacción dijo a su padre que entre los mil que había visto el de Carmela era con mucho el mejor. Se matriculo en la facultad de Ciencias, pero fue un error porque echaba de menos las lenguas clásicas y la Historia de la cultura. Había pensado en matricularse en Ciencias y letras a la vez, y hacer las asignaturas que pudiese, pero por entonces había comenzado ya a dirigirse con el famosísimo y santo padre Luis Herrera (jesuita) y le dijo que  de ninguna manera lo hiciese, aconsejándole matricularse en Letras y le fue mucho mejor. Pero a Carmela el Señor a través de la vida litúrgica, de la oración personal y del Apostolado le había ido llenando el alma de su amor y deseo, hasta descubrir que quería ser y vivir solo para Él.

            El P. Herrera jamás le insinuó nada de vocación, pero alentaba todas sus aspiraciones espirituales. Le había dado a leer la vida de S. Juan Bermans y Carmela en la Enseñanza había conocido y leído la Historia de un alma de Santa Teresita. Su amor a la Stma. Virgen y su inclinación a la oración apostólica, que veía expresada en Sta. Teresita, le hicieron pensar que tenía vocación de Carmelita Descalza. Cuando se lo manifestó al P. Herrera éste le dijo que hacía tiempo que lo veía, pero no había querido adelantarse.

                         Familia Álvarez–Taladriz Carvallo
            Este Padre tuvo una gran influencia en nuestra hermana. Veía todo lo que Dios había puesto en ella y con suavidad le exigía para que fuese fiel. Durante el curso no podía hacer más que media hora de lectura y otra media oración, además de la Santa Misa y rosario. Llegadas las vacaciones de verano le dijo que tenía que dedicar un mínimo de ¡cuatro horas! A la oración. Resulta que a Carmela no le permitieron ni siquiera ir a Misa, por estar lejos del pueblo la casa donde veraneaban y al decírselo al P. Herrera este le dijo que hasta hablar con ella no se pronunciaba, pero que si había sido cobardía por su parte “Oiría lo que tenía que oír”.

            Empezó a venir por el Carmelo a hablar con las MM. Priora y Maestra y se acercaba el momento de decirlo a sus padres. Fue un sufrimiento que la enfermaba, pues sabía que aun siendo tan buenos cristianos les iba a costar muchísimo y sabía que iban a sufrir.

            Al principio les sorprendió y no lo aceptaban. Hubieran deseado, sobre todo su padre, que terminase la carrera. Finalmente le dio el permiso y cuando por la noche su madre fue a su habitación se encontró a Carmela llorando sobre el texto griego de Tucidides que estaba traduciendo… porque también a ella le costaba dejar sus Lenguas Clásicas a pesar de desear muchísimo entrar en el Carmelo.

            La Acción Católica Diocesana como preparación a la gran peregrinación de jóvenes de España en el Año Santo de 1948 a Santiago de Compostela preparo una peregrinación a Fátima durante el Primer Sábado del mes de Mayo de 1947, unos meses antes de entrar Carmela en nuestro Monasterio.

            Durante la Exposición del Santísimo en la Escalinata de acceso a la Basílica, Carmela se sintió movida a ofrecerse totalmente a dejarse conformar enteramente con Cristo Crucificado. Aprobado por el P. Herrera hizo lo que ella llamaría siempre “el voto de Fátima” y que tendría presente en cada etapa de su vida.

            Se comprometía con el a:

1)  A elegir siempre y en todo la parte de más sacrificio y humillación, lo más bajo.

2)   Mortificando su cuerpo.

3)  No poniendo gozo ni buscando consuelo en ninguna criatura.

El modo de cumplirlo seguramente fue cambiando con la vida misma, y esto nos explica el hecho de buscar los más humildes quehaceres y su repulsa a ciertas delicadezas en los cuidados cuando estaba enferma, todo junto en una naturaleza como la suya, aprensiva, con temor a perder la salud. Solo Dios puede compaginar los contrastes entre nuestros deseos y realidades. En Hna. M.ª Sofía convivían estos contrastes.

Ingreso en nuestro Carmelo a los 20 años el 11 de Octubre de 1947 cambiando su nombre por el de su madre. De su familia la acompañaron hasta la Puerta Reglar solo Dña. Sofía y la tía Teresa, que vino desde Lugo a acompañar a su hermana, cosa que hermana M.ª Sofía agradeció muchísimo. Era un consuelo saber que su madre quedaba acompañada.

                                           Fachada del Carmelo de Santiago de Compostela

            En el Noviciado estaba como maestra la M. Gloria, muy buena, humilde y sencilla y encontró dos compañeras ya de votos temporales y próximas a la Profesión solemne. Con ellas comenzó su andadura en el Carmelo.

            Venia aureolada con una gran fama en lo humano y en lo espiritual y aunque había leído a Sta. Teresita y varias obras de la Santa madre era muy distinto conformarse y confrontarse con la vivienda del día a día. El día 18 de abril de 1948 vestía con mucha alegría el Santo Habito. En el Mes de Mayo hubo elecciones y la M. Gloria fue elegida Priora. También ese mes profesaron sus dos compañeras solemnemente y dejaron el noviciado.

            Como maestra fue nombrada la M. M.ª Consuelo, anterior priora. Para la nueva novicia supuso un gran sufrimiento todo este cambio. Se quedaba sola en el noviciado con la M. Maestra tan distinta en carácter y en modos de la M. Gloria. La M. Consuelo era muy viva, muy entera o firme y trataba de despertar en las novicias lo mejor de si mismas, la generosidad, el salir de si.

            Hna. M.ª Sofia era de maneras mas bien lentas, en los oficios ordinarios se despachaba torpemente y la M. maestra era vivísima con lo que aun queriéndola mucho tenia sus dificultades. La novicia era muy pulcra en todo, cuidadosa y hacia bien lo que se le confiaba, aunque le llevaba mas tiempo. Era muy “razonadora”, Quería llegar al fondo de todas las cuestiones. Al final de su vida decía que había nacido luchando y moriría luchando. Necesitaba la dialéctica y la discusión amistosa de temas espirituales y a veces no encontraba entre nosotras las interlocutoras apropiadas… Y cuando venían nuestros Padres gozaba pudiendo preguntar y clarificar los interrogantes sobre la fe y la vida de oración.

     En el noviciado se metió de lleno en la lectura y profundización de las obras de nuestros santos padres. Con su gran inteligencia y finura espiritual ahondo en el los de una manera privilegiada y siempre tenia en las conferencias espirituales y en las recreaciones una palabra oportuna, una cita suya que iluminaba lo que se estaba tratando y con un criterio vocacional precioso.

            Cobro interés  por conocer la vida de nuestros santos de la Orden Primitiva también y era simpática la devoción que profesaba al Beato Bartolomé Fanti. Deseaba poder rezar de todos ellos y siempre nos los recordaba en sus fechas.

         A par de nuestros Santos Padres Sta. Teresita fue su gran amiga y compañera de camino incluso en su ancianidad. Los últimos años quería vivir la Comunión de los Santos y en los cuadros de su celda en el fondo blanco pegó estampas de muchos de ellos. Así se sentía acompañada y protegida por ellos y ninguno de sus amigos bienaventurados podía sentirse relegado ni olvidado. Santa Teresa Benedicta la acompaño también en este final.

            El Señor la probó fuertemente durante el noviciado. Su padre enfermó de gravedad y moría en vísperas de Navidad. Como sus hermanos eran pequeños y ella era la mayor, se sentía como obligada en conciencia a ayudar a su madre a educarlos y sacarlos adelante. Dña. Sofía, una mujer fuerte y muy providente no hacía más que decir a su hija que fuese fiel a su vocación, que ella y los niños estaban muy bien y en casa no la necesitaban. Pero nuestra hermana se sintió siempre responsable de ayudarles con la oración y su fidelidad pero también  con su cercanía a través de cartas principalmente. Tuvo muy buena relación con sus cuñadas. Mutuamente se quisieron mucho. Todos y todas le escribían. Y han sido muy cariñosos y cercanos con ella y con nuestra Comunidad.

            Cuando murió inesperadamente su hermano Ángel, lo paso muy mal y sufrió por su mujer y sus hijos a los que siempre siguió dando muestras de cariño y solicitud por todas sus cosas.

            El 3 de Mayo de 1949 hizo la Profesión Temporal, como quien llega a un puerto largamente deseado tras las dificultades de una dura travesía. Su amor virginal y esponsal a Cristo había sido sellado por la consagración.

            Todo su noviciado estuvo suspirando por tener compañeras y solamente siete meses antes de la Profesión Solemne se cumplieron sus deseos. En Octubre, con pocos días de diferencia entraban la hna. M.ª Paz, joven de la Acción Católica, que había dado clases particulares a sus hermanos pequeños y la que después sería nuestra querida y añorada M. M.ª Asunción, que había sido su amiga más íntima después de que el P. Herrera le hubiese pedido que ayudase a la que entonces era su joven profesora de latín en la Universidad, que pasaba por momentos muy difíciles. Fue una alegría reencontrarse en el Carmelo. Hna. M.ª Paz, alegre, vital, llenó de alegría el noviciado, la hna. M.ª Asunción traía su serenidad, sus deseos de Dios, su preparación humana y espiritual. Ambas encontraron a una hna. M.ª Sofía con su hábito viejo, zurcido y con sus noches espirituales previas a la Profesión como tantas veces nos relatarían en las recreaciones…

            El 3 de Mayo de 1952 hacía muy determinada y agradecida la Profesión Solemne, insertándose de pleno en la vida de comunidad. Empezó a dirigirse espiritualmente con el P. Francisco del Niño Jesús (Hermida) O.C.D. que venia mucho por aquí por vivir en Santiago su familia. Muy buen carmelita le ayudó a enraizarse fuertemente en la vida teologal como lo más característico y propio de la Carmelita Descalza.

            Supo orientarla y ayudarla en el camino de la fe seca y oscura que tuvo que atravesar y sabía tocarle las fibras más sensibles de su “yo”, que el padre acorralaba finamente. No fue una dirección ni fácil ni gustosa pero se sujetaba a ella lo más que podía porque sabía que le ayudaba a ir recta a Dios. Este Padre, muy profundo e intelectual también le pidió muchas veces (Y también a otras hermanas) estudios y trabajos de profundización en los documentos del Concilio, la renovación de la vida religiosa y sobre nuestras leyes que se ayudaron a profundizar más y más en lo especifico del Carmen Descalzo. Era una erudita. Todo le interesaba, leía cuanto le venía a las manos, el mejor regalo era un libro y esto hasta su muerte, con una ilusión por seguir aprendiendo y descubriendo cosas nuevas e nuestros Santos Padres y en la Escritura. En esto nunca envejeció.

            Se le confiaron casi todos los Oficios menores, aunque en los que más estuvo fue en la Portería y Sacristía. Por su trato delicado, y exquisito era muy apreciada por la gente y principalmente por los sacerdotes que venían. En todo reflejaba su ser religioso. Era muy pulcra y cuidadosa.

            Fue consejera durante varios trienios, siendo muy valorado su parecer por todas las prioras porque era clara y certera, sobre todo en el primer momento. Tenia claridad vocacional fundamentalmente. Cuando las hermanas más jóvenes comenzamos el Oficio en el noviciado nos ayudo dando algunas instrucciones a las novicias.

            Era muy delicada y atenta con finos detalles de caridad con las compañeras. Cuando sabía que una hermana estaba sufriendo se hacía la encontradiza para consolarla, se interesaba si teníamos alguna preocupación familiar o por nuestros padres ancianos. Nos escribía billetitos o nos copiaba textos que nos dejaba en la celda para ayudarnos.

            De ayudante en los oficios se dejaba cargar en las limpiezas y caléos con la parte más dura y desagradable, con su bata de trabajo desgarbadamente puesta y las gafas en la punta de la nariz…

            En los santos y fiestas de la M. Priora o de las hermanas aparecía siempre con un verso profundo, (los hacía preciosos) o humorístico para festejarnos. Tenía una ironía muy fina. Era un regalo, su detalle de fraternidad, aunque luego tuviese algún otro regalito; de condición sosa para las actuaciones, su misma sosera era lo que mas gracia hacía y se prestaba sin problemas a cualquier papel que se le diese, que sin quererlo ponía una nota humorística. Pero “Su numero” era hacer de violinista. Se ponía dos trapos y un sombrero y con dos palos a guisa de violín cantaba un romancillo compuesto por ella. Fueron pocas las veces que lo hizo pero siempre un éxito…

            Pintaba muy bien. Hizo cuadros preciosos de rincones de nuestra huerta y del interior de la casa.

            Resalto notablemente como característica personal suya la pobreza. Había hecho propósito de no pedir nada para si ni a su familia ni a la comunidad y pasaba con lo que se le daba. Aprovechaba las mínimas cosas, tenía aspecto de despistada, pero no se le pasaba nada. Dejaba para su uso lo que necesitaba, sin otras exigencias. Fuera de libros, papeles y estampas no encontramos nada después de su muerte y todo perfectamente ordenado y clasificado.

            En el año 1993 se comenzó la Causa de Canonización de nuestra M. Fundadora, la Sierva de Dios M.ª Antonia de Jesús (D. M. ya muy pronto será Venerable). Se le pidió a ella escribir una Biografía con un lenguaje actualizado que hizo preciosa, con la frescura y belleza literaria o lirismo que siempre tuvo y que hacía una delicia leer sus cartas, crónicas o lo que fuese.

                         

                     Portada del libro realizado por Carmela

            Colaboró ampliamente en la síntesis de los trabajos de las hermanas para la Positio bajo la dirección de la Dra. M.ª  González Raposo.

           Podemos decir que a la Causa de M. M.ª Antonia estuvo dedicada los 25 últimos años de su vida, siempre repasando papeles o escribiendo algo sobre ella. Su deseo de penetrar el misterio de la fe le hacía disfrutar con las descripciones y experiencias de la intensa vida espiritual de la Madre en su intimidad con Dios.

             En Marzo de 1984 tuvo una parada cardíaca en la oración de la tarde producida por una aspirina que se adhirió a la pared intestinal y le produjo una hemorragia interna. Por teléfono un médico dijo ponerle una inyección que teníamos providencialmente en casa mientras él llegaba y que le salvo la vida. Ella decía después con gracia que el Señor le había dicho: “Vuélvete, Paloma” cuando ella se lanzaba hacia los collados eternos.

            Anteriormente tenía una dolencia cardíaca que estaba controlada con la medicación y de cuando en cuando se le hacía una revisión. Desde el paro cardíaco ya no se le confiaron oficios.

         Compaginaba el trabajo intelectual con pequeños trabajos y servicios, a los que se ofrecía seguro que cumpliendo su “voto de Fátima” como empaquetar formas y doblar las tollas y servilletas en la ropería. También pidió lavar las tazas del desayuno y los cubiertos para aliviar a las hermanas durante bastantes años, y a hacer el arroz con leche, el postre para los cumplidos de la Comunidad.

            Sufrió mucho con la sordera. Siempre vibró con todo lo de la Comunidad y le gustaba estar al tanto de todo lo que a ella se refería. Al perder oído perdía muchas cosas en recreación, pues aunque le referíamos lo esencial, resumiendo, le costaba no oír todo. Casi le causó una depresión. Le consoló mucho una intervención de Papa Benedicto XVI hablando de Beethoven, que tuvo un gran abatimiento por causa de su sordera pero que acercándose a Dios experimentó una inefable armonía que le llenó de gozo y paz. Y decía riendo: “Mire que compararme yo a Beethoven. Es mi “Menguante lunar”, pero aún no he llegado al Exinanivit”.

 


                  Visita que le hicimos el 28 de abril de 2015

        Sentía grandes contradicciones en su interior. Sufrimiento intenso y alegría que nada puede quitar; oscuridad y luz; vacilaciones y seguridad. Se gozaba con la conciencia clara de su pobreza esencial “Recién descubierta” decia, y conciencia de las gracias de predilección recibidas y malgastadas. De esta pobreza nacía su esperanza de que de que Él consumaría su obra en ella. Escribía: “que en la tarde de mi vida te ofrezca un poquito de puro amor , y que al ungir tu Faz adorable atraiga a tantos que caminan en tinieblas y que tus sacerdotes embalsamen el mundo con tu suave olor. Los momentos difíciles son para que me abisme en la “hendidura de la roca”, en Ti mi Señor anonadado, quebrantado, crucificado. En Ti mi corazón se ensancha y renueva”.

     Cuando fallecieron las hermanas de su generación e incluso más jóvenes que ella y pasó a ser la mayor también tuvo su parte de sufrimiento, como una especie de soledad, aunque nos esforzábamos por llenar esos huecos, pero no es lo mismo.

   Se sintió entonces responsable de ayudar a sostener y acrecentar el buen espíritu de la Comunidad y venía humildemente a decirme lo que le parecía debíamos cuidar o corregir y siempre su palabra de ánimo: “Vamos muy bien, Nuestra Madre. Dios nos va a ayudar”.

Celebración de su 90 cumpleaños

            En Octubre de este año le celebramos festivamente con versos, cantos y tarta los 70 años de entrada y el 12 de Noviembre los 91 de edad. Disfrutó muchísimo, pues era jovial y muy agradecida. El año anterior al cumplir los 90 tuvo un bajón de ánimo muy fuerte, se encontraba mal y por precaución la llevé a varios médicos, que la encontraron normal. Tenia sencillamente 90 años, pero todo estaba bien. Se alegró y tranquilizó al decirle que aunque no tuviese nada la íbamos a cuidar igual; por decirlo de alguna manera, se declaro oficialmente anciana. Hasta entonces ella se hacía todo y seguía con sus trabajitos. Ahora ya se le hacía casi todo y se quedó feliz en la celda, su “Paraíso” con la vida siempre deseada de ermitaña: Leer, rezar, escribir… Venía al refectorio, a la Eucaristía y los días que estaba bien media hora en la recreación del mediodía. Al cambiarle los audífonos y oír mejor venía también los Domingos al capítulo para el estudio de la Vultum Dei.


      Revisando unas fotografías, siempre fue de gran ayuda en mis investigaciones familiares

            Al cumplir los 91 se repitió el bajón del año anterior. Decía que tenía mucha fatiga. Como sus hermanos Ramón y Pepe estaban con oxígeno permanente y ella era aprensiva y a veces creía que tenía lo que otras hermanas, pensamos que era aprensión, pero de nuevo la llevamos a varios médicos. El cardiólogo la encontró muy bien, saturación de oxigeno estaba perfecta, etc. Le preguntó si tenía alguna preocupación y le respondió: “Doctor. Y tal y como está el mundo, ¿Cómo no voy a estar Preocupada?”. Él se río y le dijo que tenía razón, pero que tenía que estar tranquila porque la solución la tiene Dios. Ella me decía que estaba de marcha y como los médicos decían que estaba bien yo le respondía que podía vivir muchos años y que la Comunidad la necesitaba, que celebraríamos lo 100. Con mirada pilla con la cabeza me decía que no.

            Para las novicias que entonces teníamos escribió el paralelo de la doctrina de la Santa Madre y el Santo Padre, precioso y muy iluminador.

            Y a finales de Noviembre me entregó un resumen del Primer libro de la Subida “quitando lo tedioso y repetitivo del Santo para facilitar su lectura”, me dijo. Todo con ilustraciones que había ido buscando y con su preciosa letra, clara y firme que no parece de una nonagenaria ni mucho menos.

            El 25 de Diciembre se sintió mal y me pidió llamar a un médico con el que se entendía muy bien, ya mayor. Como la vio también bajita de ánimo estuvo mucho tiempo con ella en una conversación médico-espiritual. Ella le repitió lo que tantas veces me ha dicho en los últimos años: “He sido desperdiciadora de mi alma” y el médico se quedó un momento callado y respondió: “ Y ¿ Quién no, hermana?”.

            El lunes me dijo estaba peor y no se quiso levantar. Volvió el médico y encontró bien el corazón y los pulmones. La saturación estaba baja pero no le dio importancia alegando varias razones, le dijo que era mejor que se levantase para respirar mejor. Por la tarde al ver que la saturación seguía baja y temiendo que por ser mayor el médico no acertase pedí a otro médico que viniese y ya preparé todo para salir a urgencias, pero dijo lo mismo que el otro médico y que no la ingresarían ni pondrían oxigeno porque ventilaba bien y el corazón estaba muy bien.

            El martes 19 por la mañana nos dijo que había pasado mala noche y que tenía una fatiga extrema. La vi muy pálida y entonces ya pedí a nuestro jardinero, Jaime, si nos acercaba al Policlínico a Urgencias. Hasta las dos de la tarde no la atendieron. Luego, como le dije al médico la baja saturación que tenía y que le veía los labios morados, dijo que le pondrían oxigeno.

            A las 4 nos dijo que la iban a ingresar pero nada de gravedad. Ella me dijo muy sentida: “Nuestra Madre. Yo ya sabía que no pasaría otro invierno”. Le respondí que no estaba para morirse, que los médicos no la encontraban mal, que con el oxígeno seguramente que al día siguiente nos mandaban para casa. Al subir a la habitación vimos a una Doctora que siempre es muy cariñosa con nosotras; me pregunto qué pasaba. Le referí lo sucedido y fue a preguntar y nos dijo que al terminar la guardia subiría junto a nosotras a la habitación para decirnos, pero que estuviésemos tranquilas, que no era nada grave. Hna. M.ª Sofía todo era decirme que yo no había comido y quedó tranquila al ver que yo también tenía cama para pasar la noche. Todo era estar pendiente de mí.

            También, como ese día no había comulgado por la marcha a Urgencias y las pruebas que le habían hecho, su deseo era comulgar al día siguiente y me pidió que avisase para ello. Le dije que primero había que esperar a la Doctora, pues hablaban de hacerle un TAC al día siguiente, no fuese que viniese el sacerdote y ella no estuviese. Fue su último deseo.

            Con la mascarilla de oxígeno estaba aliviada; después de un rato quiso acostarse y me pidió que le diese la bendición pues presentía que iba a dormir mucho. Le dije que aún eran las 6 de la tarde y que después tendría que espabilarla para la cena y si venía la Doctora. Ella me dijo que como pasó mala noche y en urgencias no le dejaron dormir la siesta que por si acaso le diera ya la bendición. Se la di y le comenté que iba a rezar las Vísperas por si después no me dejaban, si quería que rezase en voz alta y me respondió “Recelas para sí, que le aprovechan más” siempre su delicadeza por no decir que no estaba ni para oír rezar.

            Iba a venir Isolino, amigo de la Comunidad a traernos de casa lo necesario para la noche y pidió que le trajese por caridad el Breviario.

            Dormitaba, pero de cuando en cuando abría los ojos para ver qué pasaba a su alrededor.

            Ya vino Isolino y lo recibió con su cortesía. Le dijo con pena que sentía muchísimo darnos a la Comunidad esos malos momentos en estos días cercanos a Navidad. Al despedirse le dijo: “Hasta mañana en la Misa de 8 y cuarto” y respondió ella: “A esa hora va a ser difícil” y a su respuesta: “Bueno, pues entonces a las 12 y cuarto” le repuso: “Lo que Dios quiera”.

            Vino un enfermero y dijo que le iba a poner un antibiótico, que la Dra. Había encontrado principio de neumonía. A las 8 y cuarto le trajeron la cena y quiso sólo una tortilla francesa. Llamaron de casa y hablé con la M. Superiora. Le dije que todo estaba bien, que estaba tranquila, cenando y que esperábamos la visita de la Dra.

            Y nos despedimos hasta el día siguiente.

            Hna. M.ª Sofía iba a tomar una medicina en un vasito y dio un manotazo cayendo el líquido por la cama y al suelo. Me incliné a secar el suelo y al mirarla vi su cara roja y le pregunté si estaba nerviosa. Me dijo que no con la cabeza, le pregunté si se encontraba mal y me dijo que sí. Salí corriendo al control a llamar al enfermero que vino detrás de mí. Tenía en el bolsillo una jeringa cargada que inyectó  en la vía y tras unos minutos me dijo “Hermana, creí que se nos iba, ¡Qué bajón! De repente empezó de nuevo a ponerse mal. El Enfermero salió a llamar a los médicos y me pidieron al venir que saliese de la habitación. Viendo que hermana M.ª Sofía se moría les dije que no saldría que por favor me dejasen quedarme. La Dra. Codesido me dijo “Es que se está marchando”. Le respondí “Pues por eso le pido déjeme quedarme, que no voy a hacer ninguna escena”. Me pregunto si quería que le hiciesen una reanimación fuerte y le dije que no, que si se estaba yendo con Dios, para nosotras no era una tragedia, que era lo que toda su vida había deseado la hermana y que ya lo único importante era rezar. Con mucho respecto me dijo que sí y me permitió acercarme a la cabecera. Le coloqué el escapulario grande por encima, que ellos habían retirado  para ponerle unos nódulos, y la cogí de la mano. Ella me miraba fijamente con una respiración que se ahogaba y le dije las tres jaculatorias de “Jesús, José y María”, el Ave María y ya su alma estaba con Dios ante mis ojos atónitos y el corazón muy dolorido por lo rápido e inesperado que había sido.

            Llamé a casa para que viniese la Superiora para amortajarla, y también a un sacerdote pues había muerto sin recibir últimamente la Unción de enfermos ni la absolución. Vino D. Carlos Carrasco, coadjutor de nuestra parroquia de S. Miguel y los dos solos rezamos las oraciones de después de la muerte. Muy agradecidas estamos a D. Carlos que en varias ocasiones así, lo puso el Señor a mano y con toda solicitud nos acude a cualquier necesidad.

            Ya con José, nuestro fiel demandadero, que llevó la noticia al convento, llegó la Supriora y una vez amortajada la trajimos para casa. En el atrio estaban ya D. Carlos, José, Isolino y otro buen amigo, Salvador para ayudar a bajar hasta la puerta reglar donde la comunidad esperaba muy impresionada y aún sin poderlo creer, con capa blanca para acompañarla por última vez al coro mientras las campanas tañían a difuntos como aviso, sufragio y como doloroso lamento por la partida de tan querida hermana.

            A las 8 y cuarto como todas las mañanas teníamos la Misa de Comunidad con ella de cuerpo presente. La lectura de la Misa del 20 de Diciembre nos conmovió. Era del Cantar de los Cantares. El Esposo, aquel Ciervo vulnerado que hacía años le había dicho: “Vuélvete Paloma” ahora la llamaba y le decía “Levántate, amada mía, paloma mía, ven a mí, que ya ha pasado el invierno”, a ella que tanto lo temía…

            Avisé temprano a sus hermanos. El funeral y entierro no serían hasta el día 21. Como no sabían que estaba mal fue una dolorosa y sorpresiva noticia para todos. Pepe, que estaba esos días y está ahora particularmente delicado no podia venir ni su mujer y lo sintió mucho.

            Pero Chus con su hija Geliña, Ramón con su oxígeno a cuestas con su mujer Carmenchu y sus hijos a media mañana vinieron para ver y rezar ante el túmulo de su hermana y tía, y al funeral y entierro. Sus primas, Cristina que tantas delicadezas tuvo con ella estos últimos años y Carmina, que la quería como a una hermana, también pudieron acompañarnos.

            Cristina, la mujer de Ángel se hizo presente desde Madrid por teléfono.

            Chus había sido el último en verla. Geliña lo trajo la víspera del 91 cumpleaños para felicitarle y teniendo que entrar un obrero llevé de tercera a hna. M.ª Sofía para que se diesen un abrazo. Se emocionaron mucho, eran los dos hermanos mayores y sin saberlo, se despedían hasta el cielo.

            Pepe recibió una carta después de ella muerta que había escrito pocos días antes, tal vez la víspera y a Ramón le dimos un lote de revistas y chucherías para los nietos que previsoramente tenía ya preparados para la visita de Navidad. Era el último cariño para cada uno de una hermana con corazón de madre para cada uno.

            El funeral y entierro fueron a las 11 de la mañana presidida por D. Víctor Maroño, que cada mañana celebra con nosotras la Eucaristía haciendo de Capellán acompañado por 16 sacerdotes, entre ellos el Delegado episcopal para la vida religiosa y D. Manuel Rozados, nuestro capellán de los domingos. A todos les agradecemos su presencia y compañía.

            Nuestro S. Arzobispo, como tenían consejo episcopal vino a primera hora de la mañana, entrando al coro para rezar un Responso y acompañarnos paternalmente. Lo mismo hizo D. Jesús, su Obispo Auxiliar y nuestro P. Confesor José M.ª García Trapiello y otros sacerdotes que no podían venir por tener el Retiro sacerdotal a la misma hora que el funeral.

            Hna. M.ª Sofía no parecía tan mayor, La corona de flores que tenía en la frente estaba hecha con flores blancas y otras muy chiquitas de color rosa que le daban un aspecto muy juvenil, tal como ella era.

            Lo que escribió un día: “He descubierto una playa de paz y de misericordia. Siento el gozo de olvidarme de mi y abismarme en Dios. La alegría infantil de hundirme en la arena y el mar… Desde lo hondo de mi pobreza clamo a Ti, mi Señor y te suplico. ¡Atráeme, Jesús! Y así, yo, que he sido desperdiciadora de mi alma, podré decir al fin: Andando enamorada, me hice perdidiza y, por tu misericordia, fui ganada”.

            Desde la otra orilla, las “Riberas verdes”, nos parece que nos lo repite a nosotras.

            Les pedimos que por caridad la recuerden en sus oraciones, especialmente en la Salve de un Sábado. Ella se lo pagará desde el cielo, pues era muy agradecida. Rueguen también por nuestra Comunidad y por la menor de todas.

            Ana de la Esperanza i.c.d. priora




Nota: Descendencia de Sofía Carvallo y de Jesús Álvarez.

 Sofía María Isabel Máxima Carvallo González, nació el 7-X-1895, se casó con Jesús Álvarez-Taladriz Martin, hijo de Ángel y Jacinta, sus ascendientes se verán en su lugar, hijos de este matrimonio fueron:

·  María del Carmen Álvarez Carvallo, monja de clausura en Santiago, nació el 12 de noviembre de 1926, falleció el 19 de diciembre de 2017.

·   Jesús María Álvarez Carvallo casado con Ángela Aller Rodríguez, hijos:

§  Jesús María Álvarez Aller casado con Nuria, tuvieron por hijos a:

o   Jesús.

o   Ignacio.

§  Ángela María Álvarez Aller casada con Rafael.

·  Ángel María Álvarez Carvallo casado con Cristina Chavarría, nació el 9 de noviembre de 1931, tuvo por hijos a:

§  Santiago Álvarez Chavarría casado con Mar, tuvieron por hijos a:

o   Daniel.

o   Julia.

§  Cristina Álvarez Chavarría casada con Patrick, tuvieron por hijos a:

o   Alexander.

o   Clara.

·   Ramón María Álvarez Carvallo casado con María del Carmen Lens Linaza, hijos:

§  María del Carmen Álvarez Lens.

§  Ramón Álvarez Lens.

§  José Álvarez Lens.

·   José María Álvarez Carvallo casado con Amalia, hijos:

§  Belén Álvarez casada con José Antonio..

§  Sofía Álvarez casada con Gonzalo, tuvieron por hijos a:

o   Álvaro.

o   Sonsoles.






 

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